martes, 13 de marzo de 2012

What should I do...?


Tantas noches literalmente con la soga al cuello, observando las estrellas a través del pequeño rosetón del desván. Los coches circulaban apresuradamente como cualquier día normal. Era el día
de su vigésimo segundo cumpleaños. Dean se pasó la mano por la cabeza, desprotegida, intentando recordar el tacto del pelo y cómo se veía con él. Se miró los brazos, cubiertos de magulladuras y hematomas, consecuencias de la quimioterapia. Se levantó del alfeizar de la ventana, cogió las últimas fotos de su pasado y las arrojó a la pequeña hoguera que había hecho en el cubo metálico, que, junto a la mecedora, era el único objeto de aquel viejo desván. Mientras observaba cómo se desintegraban sus memorias las lágrimas volvían a recorrer el camino formado por las anteriores hasta llegar a la barbilla y caer al suelo. Sus ojos centelleaban con el reflejo del fuego. Le temblaban las manos… Como cada noche… Decidió que ya era la hora. Que ya no debía vacilar. Que ya había hecho sufrir a sus seres queridos suficiente. Se dirigió al centro del desván y se subió a la mecedora para colocarse la rígida e irritante soga mientras preparaba los pies para dejarse caer. El pequeño asiento se tambaleaba y él comenzaba a perder el equilibrio…

Más alto papá, cariño no corras tanto, deberías subirte a la acera o te atropellará mamá sin querer, tiene cáncer, cielo sé que es duro pero tienes que intentarlo, no puedo seguir con alguien como tú, Eli no te vayas, sabes que nadie te amará por tu condición…

Los recuerdos le ametrallaban la cabeza. Sacó un pie y empujó la mecedora lejos de su alcance. Los minutos siguientes fueron extraños. Todo pasó rápido. Un ruido seco le sorprendió pero ya no podía reconocer nada. Le faltaba el aire pero algo hacía que lo perdiese del todo. Unas manos finas le sostenían para que se apoyase de nuevo en la mecedora. Un cabello largo y rubio se presentó ante él intentado quitarle la soga y acostarle en el suelo.

-¡Maldita sea, Dean! ¿Por qué haces esto? Sabes que puedes seguir tu vida, aunque no sea como antes. Aunque tengas que ir cada semana al hospital, yo te acompañaré.

-¿Quién eres?- preguntó el joven con el poco aliento que había conseguido reponer.

-Soy... Soy la persona que hará que tu vida cambie.

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¡He conseguido terminarla! xD Al principio, por influencia de mis amigos, iba a acabar mal la historia. Él iba a morir, pero como me siento feliz y realmente enamorada pues no podía hacerlo >.<

Espero que os guste y estoy revisando los fallos de la historia con la que gané el certamen literario de mi pueblo para que podáis leerla a ver si os gusta ^-^

Un besito!



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