martes, 3 de diciembre de 2013

INMORTALS: Capítulo 1

Aquí el primer capítulo de mi nueva historia *--* Espero que lo disfrutéis! Cuando tenga todas las imágenes haré la ficha de personajes. Con Say you don't love me solo la hice en facebook, pero esta la pondré aquí jajaja






Capítulo 1
Londres, año 1666
Las llamas se extendías con gran rapidez por las casas de Pudding Lane arrasando con todo a su paso. La joven corría sorteando los escombros y la gente histérica intentando no perder de vista al encapuchado al que perseguía. Tropezó con el vestido y cayó de bruces al suelo. Era demasiado pesado para una persecución así que decidió quitarse un par de capas y arrancar parte de la falda interior. No le resultaba agradable enseñar sus pantorrillas, pero era de vida o muerte y no estaba para ser quisquillosa. Mientras
retomaba su persecución sacó de la liga una daga y la empuñó. Los llantos de montones de mujeres, hombres y niños casi hacen que su barrera contra los sentimientos se derrumbase, pero debía mantener la compostura y perseguir a su objetivo hasta el final. Salieron de la zona más afectada por el fuego y se adentraron en callejones tortuosos difíciles de transitar. Los pies le bullían, apenas podía ya seguirle el ritmo cuando al salir de nuevo a una avenida algo la envistió y la dejó inconsciente.
Los gritos habían cesado. No percibía olor a quemado, pero temía abrir los ojos. Lograba captar pasos en la habitación y susurros apenas audibles. Agudizó sus sentidos y pudo distinguir a dos personas, ambos varones, discutiendo sobre un asunto al parecer realmente importante. Se aventuró a entreabrir un poco el ojo derecho y observar su alrededor. Se levantó sobresaltada al ver cómo un gran perro negro la observaba. El animal comenzó a ladrar y ambos hombres se acercaron a la muchacha que trató de recuperar la calma y mantenerse alerta para atacar si era necesario. El más alto se quedó en las sombras, pero el otro acercó una silla y se sentó frente a la cama donde yacía la joven. Ambos se evaluaron en silencio durante un momento. El muchacho tenía el pelo negro y corto. Toda su ropa era oscura y le servía de camuflaje. Era muy alto aunque no tanto como el otro al que todavía no alcanzaba a ver la chica. Sus facciones eran suaves y no parecía querer hacerle daño, pero cuando habló le transmitió ferocidad.
-¿Cómo os llamáis?
-Ma… - paró en seco recordándose que no debía decir su verdadero nombre- María. ¿Y vos?
-Podéis llamarme Hongbin.
-¿Sois extranjero?
-Eso en estos momentos no es relevante- dijo el extraño en las sombras un tanto impaciente.
La muchacha le miró con desconfianza y este a regañadientes se acercó a la vela. Se notaba que era más alto que el muchacho de pelo negro, aunque guardaban un gran parecido. Tenía facciones más duras que el otro, pero no tenía intenciones de dañarla. Su pelo oscuro tapaba una cicatriz cerca de su ojo izquierdo que parecía reciente.
-Este es mi hermano pequeño, Sanghyuk. Ambos somos como vos, señorita.
Mary Ann los miró confusa. Se encogió más y apretó la espalda contra la pared. El gran perro negro la miraba juguetón, pero ella no se sentía con ganas de jugar.
-¿A qué os referís? No sé de qué estáis hablando.
Sanghyuk se levantó sus ropas y le enseñó la marca con forma de pájaro que tenía cerca del ombligo. A continuación se la enseñó el mayor. La muchacha estaba confusa, pero atando cabos poco a poco. Se miró a sí misma y vio que su corpiño y sus faldas habían desaparecido y en su lugar llevaba una camisola hasta las rodillas.
-¡¿Qué habéis hecho con mis ropas?! Vos… Habéis abusado de una muchacha indefensa…
-Jamás haríamos eso. Ninguno de los dos- contestó Hongbin indignado por tal comparación- Solo la hemos puesto más cómoda. Siento haberla dejado sin conocimiento, pero no podía dejar que atrapara a aquel hombre sin antes explicarle qué es.
-¿Qué es?- preguntó confusa.
Hongbin se levantó de la silla y se dirigió a la mesa bajo la atenta mirada de la joven. Al volver llevaba varios manuscritos en la mano. Los depositó en el regazo de Mary Ann y esta los contempló. Algunos databan de antes de su nacimiento y otros de mucho después. Todos estaban firmados con la letra P. La muchacha levantó la mirada y la posó en Hongbin.
-¿Vos habéis escrito esto?
-No. Si estamos en lo cierto, algunos de estos documentos fueron escritos por nuestros antepasados. En esos pergaminos cuentan nuestra historia, cómo nos convertimos en lo que somos. Aunque están incompletos. Parece que faltan algunos de ellos.
-No sé qué tiene que ver esto conmigo.
-Vuestro verdadero nombre es Mary Ann Goodwing Pope. ¿Estoy en lo cierto?
A Mary Ann le temblaban las piernas. ¿Cómo podía aquel joven haberla reconocido? Se suponía que Mary Ann había fallecido hacía casi un siglo y medio y se aseguró de no dejar constancia de que seguía viva. Hongbin sacó uno de los pergaminos y posó su dedo índice sobre un nombre en concreto. Mary Ann le miró a los ojos y después dirigió la mirada a donde apuntaba el muchacho. Se quedó pálida y se llevó la mano a la boca para no gritar. Aquello ya era demasiado para ella, demasiadas emociones en solo unos minutos, demasiado que asimilar. En el pergamino se podía observar un árbol familiar. En él se encontraban el nombre de su madre, pero no estaba casada con su padre, si no con otro hombre, y su descendencia eran ella y los dos muchachos que estaban frente a ella en ese momento.

Londres, actualidad
La muchacha sujetó la pequeña linterna con la boca y recogió su blanco pelo en una coleta alta. Rebuscó por todas partes hasta que:
-¡Aquí está!- susurró Tibby cuando encontró el malgastado pergamino en el cajón del escritorio. Un muchacho alto de cabellos oscuros se acercó a ella para comprobar que era el que buscaban- Estoy segura de que es este.
El muchacho se lo arrebató con cuidado de no dañarlo y lo leyó con ayuda de su lupa. Estaba bastante en mal estado, pero el contexto se entendía. Asintió a su compañera, guardó el pergamino y salieron por la ventana sin hacer el menor ruido, tal y como entraron. Al llegar al suelo corrieron hacia la moto, se pusieron los cascos que cubrían sus caras y el muchacho arrancó. Atravesaron el centro de Londres y se dirigieron a las afueras. Vivían en una pila de apartamentos abandonada con a otro muchacho. Al llegar, Hakyeon escondió la moto en los arbustos de la parte trasera del edificio y se reunieron en el último piso a su compañero.
-¡Ya era hora!- exclamó Ken al ver entrar a sus amigos- Creía que os habían pillado.
-Ha sido un poco complicado encontrarlo entre tanto papel antiguo- dejó caer la mochila en el rincón junto a las cosas de sus compañeros y se sentó en el sillón cerca de la chimenea apagada.
El piso era pequeño, pero perfecto para esconderse. Ellos se habían instalado en el apartamento más alto, con vistas a la calle que se dirigía allí, para poder observar a todo el que pasase por allí. Al entrar había un pequeño pasillo de apenas dos metros. Justo en frente estaba la cocina y a la derecha el salón, donde tenían una pequeña mesa y cuatro sillas plegables, un sofá y un sillón para tres personas. De la otra parte del comedor salía otro pasillo que daba al baño y a dos habitaciones con dos colchones de matrimonio en el suelo.
Los dos muchachos se sentaron en el sofá acompañando a su amiga y se dispusieron a descifrar el pergamino.
-¿No deberíamos llamar a María?- preguntó Ken.
-Primero intentemos descifrar si hay alguna pista sobre otro pergamino y luego la llamamos contarle todo.
-¿Y si esperamos a que amanezca?- Hakyeon miró el pergamino entornando los ojos- Apenas se puede leer nada con esta estúpida vela.
-Supongo que tienes razón- suspiró Tibby- Me voy a dormir. Estoy reventada.
Abrió la puerta de la habitación del final del pasillo, se quitó la ropa y se acostó en ropa interior. A los pocos minutos notó cómo un cuerpo cálido se tumbaba a su lado y rodeaba su cintura con el brazo mientras le depositaba suaves besos en el cuello. Tibby sonrió y entrelazó sus dedos con los de Hakyeon.

Londres, 1849
-Sanghyuk, por favor, aprieta más el corsé.
-Si lo hago acabarás ahogándote.
-¡Tú hazlo!
El pequeño tiró de los cordones tanto como pudo y, mientras Mary Ann le ayudaba a sujetarlo en su sitio, comenzó a hacer el nudo. En ese momento entró Hongbin y al observar a su hermana solo en ropa interior se puso colorado.
-Yo… Siento haber entrado sin llamar, discúlpame- se dio la vuelta tapándose la boca avergonzado.
-No tienes por qué avergonzarte. Somos hermanos. Sanghyuk, pásame el miriñaque, por favor.
-Santo cielo, agradezco ser un hombre y no perder medio día vistiéndome y desvistiéndome.
La muchacha terminó de colocarse las faldas con ayuda de su hermano menor, miró la dirección a donde debían ir e instó a sus compañeros a seguirla.
-El conde y el servicio no van a poder estar cada minuto de la fiesta observando a todos. Mi vestimenta no va a permitirme pasar desapercibida, así que os toca a vosotros trabajar.
-Como siempre- dijeron al unísono.
Mary Ann se giró hacia ellos y los fulminó con la mirada. Subieron al carruaje y se dirigieron a la casa donde encontrarían uno de los pergaminos. Era una de las nuevas familias ricas de Londres. La casa perteneció a un conde solitario que murió de tristeza ya que todos sus familiares murieron de fiebre. Jamás consiguió casarse y por supuesto no tuvo descendencia. Toda su fortuna fue a parar a la primera familia que logró ocupar la casa y allí siguen aumentando su reputación cada año. De camino a la gran mansión se encontraron a varias personas tiradas por el suelo muriendo de deshidratación, pidiendo ayuda a gritos, pero no podían detenerse.
-Recordad que somos nobles. Actuad como tal- les advirtió Mary Ann antes de bajar del carruaje.
Cogió del brazo a sus dos hermanos y se adentraron en el salón de baile guiados por uno de los sirvientes. Aquel sitio estaba abarrotado de gente adinerada, todos bebían, comían y bailaban sin cesar. El anfitrión se acercó a los recién llegados y les dio la bienvenida.
-Mi bella señorita- se inclinó tomando su mano y depositando un suave beso en ella. Mary Ann le correspondió con una resplandeciente sonrisa- Me alegra verla aquí.
-Es un placer, conde, que nos haya invitado.
Saludó a ambos muchachos y se juntaron con el resto de invitados. El conde era un hombre de estatura más bien baja, rechoncho y casi sin pelo, pero, debido a su antipatía ante la calvicie, solía utilizar peluca.
Les enseñó la estancia y les dio detalles de los surtidos preparados por el cocinero. Mary Ann les hizo la señal a sus hermanos para que trataran de escabullirse y buscar el pergamino mientras ella distraía al conde. Hongbin miró al pequeño y ambos mirando cautelosamente a todos los invitados se dirigieron a las escaleras sin levantar sospechas y subieron rápidamente al primer piso. Sanghyuk se dirigió a la derecha y su hermano a la izquierda. Entreabrió la primera puerta con cuidado y al ver a dos jóvenes muy fogosos la cerró sin hacer ruido. Puso los ojos en blanco y se dirigió a la siguiente. Parecía un pequeño estudio. Se acercó a las estanterías y rebuscó con cuidado todo lo rápido que pudo. Nada. A continuación miró en la mesa. Tampoco. Salió y se dirigió a otra estancia. Hongbin por su parte parecía estar teniendo peor suerte. Se maldijo para sus adentros al terminar de registrar la última habitación de su zona. En ese momento escuchó cómo el pomo giraba y se escondió bajo la cama. Reconoció al instante la voz del conde.
-¿Estáis seguro de eso?- preguntó apenado- Entonces me temo que no hay elección.
-Mis condolencias, conde. Sé que teníais los ojos puestos en esa dama, pero hay que acabar con ella.
Esa voz… El muchacho trató de asomarse para ver al propietario de aquella espeluznante y conocida voz. Estaba de espaldas a él así que no consiguió ver su cara. Cuando salieron de la estancia se aventuró a ponerse en pie de nuevo. Suspiró aliviado y entonces alguien se precipitó en la habitación.
-¡Maldita sea, Sanghyuk! ¡Qué susto me has dado!
-Pensé que te habían pillado.
-Hay que salir de aquí. Quieren matar a Mary Ann.
Bajaron rápidamente y se mezclaron con los invitados en busca de su hermana. La encontraron parloteando con la esposa del conde y su hija. Se acercaron sonriendo y le dijeron a Mary Ann que se hacía tarde y debían marcharse.
-Bueno… Si no hay más remedio. Lo siento mucho. Nos encantaría quedarnos más tiempo, pero Timothy debe ir a trabajar temprano. Le agradecemos su invitación y la maravillosa velada. Espero volverlas a ver pronto. Salude a su esposo de mi parte.
Les echó una mirada preocupada a sus hermanos y se dirigieron a la salida. Allí se encontraron al conde en compañía de altos cargos políticos. Al verles Mary Ann volvió a adoptar su falsa sonrisa.
-¿Ya os marcháis?
-Me temo que sí, conde, pero espero volver a verle.
-Sería un placer, si me permite invitarles, que vinieran mañana por la tarde a tomar el té conmigo y mi familia.
-Corresponderemos a ese placer- rió como una chiquilla enamorada.
Subieron al carruaje y se dirigieron prestos a su casa, pero no descansaron tranquilos hasta haber entrado. Mary Ann levantó el dedo índice al ver que Hongbin se disponía a hablar para cortarla y comenzó a desvestirse.
-Este vestido es incomodísimo. No soporto este miriñaque. Es enorme. Podrías haberme conseguido uno más pequeño, hermanito. Aunque… He de admitir que el corsé me gusta- se giró hacia Hongbin que estaba a apenas dos metros de ella- Realza mis pechos, ¿no crees?
Hongbin apartó la vista avergonzado y la ayudó a quitarse el miriñaque. La muchacha desató el corsé y se puso una camisola. Los dos chicos imitaron a su hermana y se quitaron sus ropas de fiesta. Se sentaron en la mesa cerca de la chimenea y Mary Ann les preguntó lo que habían visto para querer salir corriendo de allí, así que Hongbin les explicó lo que escuchó.
-¿Y no habéis encontrado el pergamino?
-No, lo siento- se disculpó el pequeño- Tal vez no esté allí… Tal vez nos equivocamos al suponer que lo tenía el conde…
-O tal vez alguien más lo haya cogido- sugirió el mayor.
-Bueno. Mañana volveremos allí, así que trataremos de averiguar algo. Yo me voy a dormir. Buenas noches.
Sanghyuk se levantó de la silla dejando a sus dos hermanos mayores solos. El nerviosismo se palpaba en el aire y durante varios minutos ninguno dijo nada. Hongbin posó sus ojos en la muchacha y ésta le imitó. Ambos sentían la atracción del otro, pero sabían que no debían, no podían dejar que sus sentimientos se desatasen. Hongbin alargó la mano y la posó en la mejilla de su hermana.
-No sabes lo mucho que lamento que nuestra madre sea la misma.
Acercó su rostro al de la muchacha, pero esta se apartó y se fue a su propia habitación dejando a Hongbin derrotado frente al fuego.

Londres, actualidad
Los rayos del sol se colaban por entre los tablones de madera que tapiaban la ventana de la habitación. Hakyeon pestañeó varias veces para despejar la mirada y encendió la pantalla de su móvil para ver la hora. Ya es mediodía. Se levantó y fue al salón. Allí no encontró a nadie, ni siquiera una nota. Fue a la nevera y se bebió la poca leche que quedaba del mismo cartón, aprovechando también para echarse una magdalena a la boca. Se sentó y trató de leer el pergamino que consiguieron la noche anterior. Logró leer algunas frases en latín, pero no sabía traducirlo. Lo demás eran o cosas que ya sabían o cosas que era imposible leer. Dejó el pergamino sobre la mesa y se recostó derrotado en el sillón. Soltó un bufido y escuchó la puerta abrirse. Ken y Tibby entraron cargados con bolsas de la compra y acompañados por dos personas.
-Buenos días, cariño- depositó un suave beso en los labios de Hakyeon y se dirigió a la cocina- No quería despertarte porque estabas muy a gusto durmiendo- le gritó desde allí.
-Hola- saludaron los recién llegados.
-¿Qué hay María? ¿Hyuk?
La mujer era alta y esbelta. Su largo cabello ondulado cubría su espalda hasta las caderas. Llevaba una camisa blanca de manga corta junto con un corpiño negro, unos pantalones de cuero bien ceñidos, pero flexibles, y unas botas negras hasta las rodillas. Su acompañante llevaba un vestuario parecido. Pantalones vaqueros oscuros y una sudadera gris en la que ponía Keep Calm and accept what you are. Era un poco más alto que la chica, tenía el pelo oscuro como el azabache y un tanto ondulado. Ambos se acercaron y se sentaron en el sofá, frente al muchacho. Cuando los otros dos se unieron a ellos les preguntaron qué había en el pergamino que tenían.
-Nada. Solo unas frases en latín y lo demás… Es imposible leerlo.
-¿Puedo verlo?- preguntó María.
Le pasó el pergamino y trató de traducir las oraciones. Frunció el ceño. Esto no tiene ningún sentido. Se lo pasó a Hyuk y este lo leyó. Cuando terminó miró a su compañera y ambos coincidieron en que era absurdo.
-Esto contradice todo en lo que habíamos avanzado. Dice que los pergaminos anteriores, que de momento no sabemos cuáles son exactamente, mienten sobre la forma en que podemos deshacernos de esta maldición. Todo esto es absurdo…- se levantó y se dirigió a la ventana. Miró más allá de los edificios tratando de recordar el tiempo que llevaba haciendo aquello- Siento que cada vez que estamos cerca de terminar con todo esto algo trastoca nuestro avance. Estos pergaminos- señaló el que había sobre la mesa con la atenta mirada de todos los presentes- son una burda broma. Nunca conseguiremos quitarnos este peso de encima.
Hyuk se levantó y abrazó a su hermana por detrás. Los tres muchachos se intercambiaron miradas afligidas, apenados por no poder ayudar a sus amigos.


Sin que los jóvenes se percatasen una sombra los vigilaba desde una moto escondido tras unos escombros. Guardó la cámara en la mochila con una media sonrisa socarrona, la echó al hombro y salió a toda velocidad de allí.
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