martes, 28 de enero de 2014

INMORTALS: Capítulo 3

El tercer capítulo ya está aquí ^^ No estoy tan contenta con él como con los dos anteriores, pero espero que os guste :)




Capítulo 3
Londres, 1849
Mary Ann prendió la vela y la colocó en el centro de la mesa. Estaba decepcionada, furiosa y desconcertada, todo a la vez. Decepcionada porque era la enésima vez que se les escapaba su enemigo. Furiosa porque les había robado un importante pergamino. Y desconcertada porque no entendía cómo el conde y él se conocían y cómo no había podido darse cuenta si lo habían estado observando durante
semanas. Sus hermanos todavía dormían, pero ella había decidido ocupar su mente en seguir descifrando pergaminos que habían recogido. ¿Cuántos más pueden quedar? ¿Cuánto más debemos sufrir?

Londres, actualidad
La lluvia caía con fuerza. Las calles encharcadas complicaban la circulación. El frío calaba hasta los huesos y los pies empapados no ayudaban. Hyuk se ajustó más el impermeable, protegiendo bien la mochila que contenía los pergaminos, y dobló la esquina que llevaba al piso de Tibby y los chicos. Todo el camino sin asfaltar estaba embarrado e intransitable. Trató de pisar en sitios poco húmedos pero los pies se le hundían cada vez más en el barro. Cuando llegó al portal abandonado el barro le llegaba casi a media pantorrilla. Sacudió los pies para eliminar la mayor parte de tierra mojada y subió los escalones. Tibby le obligó a quitarse el calzado y los pantalones y le dio unos de Ken. Le venían cortos, pero al menos llevaba ropa. La muchacha le lavó los pantalones y las botas y los puso cerca del fuego para que se secasen. Se sentó en el sofá cruzando las piernas y le preguntó a Hyuk qué habían averiguado.
-No gran cosa. Lo único que habíamos conseguido descifrar de los anteriores es que existía un hechicero, que fue el causante de todo este embrollo, pero que falleció hace varios cientos de años. En todos los posteriores al de su muerte decía que no tenía descendencia y que jamás se ha podido encontrar otro hechicero como él. Sin embargo…- sacó la hoja donde habían transcrito el pergamino encontrado- Aquí. Lee esto- le entregó el papel- Pone que tuvo un hijo bastardo. No tuvo descendencia con su esposa porque ella era estéril.
-Aquí pone algo sobre la Torre de Londres. ¿La Torre Blanca?
-Exacto. Hay que ir a ese lugar y buscar.
-¡Es imposible encontrar algo allí! Además, es un monumento antiguo. Patrimonio de la humanidad. Habrá vigilancia.
-No he dicho que fuese fácil.
-¿Qué no es fácil?- preguntó Hakyeon uniéndose a ellos.
-Quiere colarse en la Torre de Londres para buscar uno de los pergaminos y hasta ahora nuestra única pista sobre por dónde seguir.
-¡Genial! Al fin un reto digno de mi inteligencia.
Tibby le lanzó un cojín furiosa y les dijo que ella no iba a participar en aquello, pero que les proporcionaría armas y sensores de calor para detectar a guardias o transeúntes. Hakyeon le besó en el cuello provocándoles cosquillas y Hyuk desvió la mirada hacia el fuego para dejarles intimidad.

La curiosidad de María por Leo crecía cada vez que se lo cruzaba en aquel paseo. Era como si siempre estuviese allí para encontrarse con ella. Como si no fuese casualidad. O el destino. La muchacha entró en el café donde estuvieron cuando se conocieron y se sentó en la misma mesa. La camarera le sirvió una taza a rebosar de cappuccino y se relajó leyendo el periódico. El pop-rock británico sonaba por los pequeños altavoces colocados en el techo del local. La calefacción templaba el lugar. Comenzaba a notarse el ambiente navideño aunque todavía quedaban varias semanas. Levantó la vista del periódico al escuchar una voz familiar y sonrió al ver a Leo en la barra pidiendo lo mismo que ella. El chico cogió su vaso y salió a la calle. María se bebió rápido lo que le quedaba y salió rápidamente a buscarle. Se paró en medio del paseo y miró a los dos lados sin conseguir verle. Decepcionada se giró en dirección a su casa y se encontró con Leo.
-¡Me has asustado!
-Sabía que estabas dentro. Te he visto a través del cristal.
-¿Me estabas espiando?
El muchacho se encogió de hombros.
-Algo así.
Sonrieron e hicieron su ya habitual recorrido del paseo. Leo le explicó a María que no tenía familia, que todos habían fallecido en un desafortunado accidente cuando él estaba fuera de casa. Ella le mintió diciéndole que su madre murió en el parto y nunca conoció a su padre. No le gustaba engañarle, pero no podía sincerarse con él aunque sentía que podía confiarle hasta sus más profundos secretos.
Anochecía y el viento se volvía más frío. La gente dejaba la calle poco a poco buscando el calor del hogar. Leo se puso un gorro de lana azul marino y se ajustó la bufanda. Miró de reojo a María, respiró hondo y le cogió de la mano. La muchacha se apartó nerviosa.
-Lo siento…- se disculpó avergonzado- No pretendía molestarte.
-No. Yo… No puedo.
Y se alejó entre la multitud.

Londres, 1866
-Feliz 385 cumpleaños- le susurró Hongbin a su hermano menor.
-Me importa bien poco mi cumpleaños ahora mismo. ¿Tienes el santo y seña de la logia?
-Por supuesto. Pero creo que deberíamos esperar a Mary Ann.
-Ya estoy aquí.
Los tres hermanos se pusieron las capuchas de las capas y bajaron a los túneles bajo el cementerio. Las rocosas paredes estaban cubiertas de musgo y moho. El ambiente era húmedo. Caminaron y caminaron hasta plantarse ante la única puerta, casi imperceptible bajo los helechos. Tocaron suavemente. Una rendija se abrió y unos ojos viejos y cansados preguntaron la contraseña a los jóvenes inspeccionándolos de arriba abajo.
-Salve Inglaterra.
Cerró la rendija y por un momento pensaron que les habían descubierto, pero la portezuela se abrió y pasaron dentro. La estancia era pequeña y solo había tres ancianos con semblantes cansados. Parecía que llevaban varias jornadas sin descansar bien haciendo guardia en aquel lugar. Tres ancianos y tres jóvenes. Demasiado fácil… Dos de ellos estaban concentrados escribiendo con sus plumas  en unos amarillentos pergaminos. El tercero les observaba desde su asiento cerca del único cuadro de la habitación. Una pintura de Londres. María hizo una leve reverencia a los tres ancianos. Con cautela y sin levantar sospechas preguntó si podían tomar asiento. El hombre que estaba cerca del cuadro asintió sin articular palabra y los tres muchachos se dirigieron a las sillas. Cada uno se colocó cerca de uno de los ancianos y silenciosamente les cortaron el cuello. Buscaron por toda la estancia, apartando el cuadro o algunas de las mesas. Cuando apartaron el escritorio donde estaban los dos ancianos observaron que había una piedra que bailaba y al retirarla vieron que había una trampilla. Tiraron de la argolla y bajaron a los oscuros pasadizos.
Avanzaron con cautela por el angosto túnel iluminado solo por alguna que otra antorcha muy separadas unas de otras. Más pasajes se extendían a uno y a otro lado, pero decidieron seguir recto para no extraviarse. Después de varios minutos avanzando escucharon unos murmullos delante de ellos. Se intentaron acercar más, pero algo silbó cerca de la oreja de Mary Ann y se escondieron en las sombras de los pasadizos paralelos. Los murmullos cesaron y se hizo un pesado y tenso silencio. Nadie se movió por varios minutos. Trataron de averiguar cuantos eran, pero era imposible con aquella oscuridad. Hongbin se agachó con sumo cuidado, agarró una pequeña roca y la lanzó lejos por el pasadizo donde se encontraban escondidos. Sanghyuk se dirigió muy silenciosamente al lado opuesto del estrecho pasaje y esperó. Una luz titiló cerca de donde él se encontraba y se detuvo. Sacó la daga y se preparó para atacar. Una sombra encapuchada asomó la cabeza pero no captó su presencia, la oscuridad lo envolvía. Le clavó el cuchillo entre ceja y ceja. Llamó la atención de sus compañeros y comenzaron los disparos. El pequeño trató de cubrirse, pero le alcanzaron en el muslo derecho. Corrió hacia otro pasadizo y se metió en una de las habitaciones. Observó la herida. Miró a su alrededor y vio que estaba en un dormitorio. Arrancó un trozo de sábana y lo anudó alrededor de la pierna para parar la hemorragia. En ese momento vio que había varios pergaminos en aquel lugar. Miró todos rápidamente y cuando encontró lo que buscaban lo guardó en su chaleco.
Mary Ann y Hongbin por su parte estaban tratando de encontrar el pergamino en la habitación del otro pasaje. Habían atrancado la puerta y matado a las tres personas que había dentro. Hongbin Tenía un pequeño corte en la espalda y Mary Ann uno en la mejilla que ya había comenzado a cicatrizar. Dejaron de remover los trastos de la estancia cuando escucharon un grito que les heló la sangre. Ambos se miraron asustados. Buscaron algún recoveco por el que poder escapar que no fuese la puerta. Con cualquier cosa resistente que encontraban atizaban la rocosa pared. Abrieron un pequeño agujero suficiente para sus cuerpos y se colaron a la habitación contigua. Abrieron la puerta que daba al lado opuesto donde estaban sus atacantes y buscaron a su hermano. Lo encontraron inconsciente en medio del pasillo con el cuello desgarrado.
-Maldición… Sanghyuk…- Mary Ann se arrodilló a su lado y le acarició el rostro.
La sangre había dejado de salir y volvía a su lugar lentamente. Vio la punta del pergamino sobresalir por entre sus ropas. Miró a Hongbin y sonrió satisfecha de su hermano.
-Marchémonos de aquí. Ya hemos conseguido lo que queríamos. Debemos volver a la ciudad antes de que acaben con nosotros.
Cargaron con el pequeño y rápidamente recorrieron el camino de vuelta.

Londres, actualidad
La noche era fría pero la lluvia les había dado un respiro. Hyuk había decidido no decirle nada sobre sus planes de entrar en la torre a María, porque aunque tuviese más de medio siglo ella no habría querido dejarle ir solo. Seguía siendo su dulce hermano pequeño. Tibby y Hakyeon iban con él. Ken se había quedado en la furgoneta vigilando. Si veía a algún guardia aproximarse hacia ellos les avisaría. Buscaron alrededor del muro un buen lugar para saltar al interior del recinto. Hakyeon entrelazó las manos para que Tibby pudiese apoyar su pie y la impulsó hacia arriba. Ella ató la cuerda a un árbol y se la pasó a los chicos para que cruzasen. Ya al otro lado se dispusieron a cruzar el patio exterior Había dos guardias merodeando por el lado oeste así que dieron un rodeo hacia el patio interior. Lo cruzaron sigilosamente hasta llegar a la entrada de la Torre Blanca. Se impulsaron mutuamente hasta una de las enormes ventanas y la forzaron para poder entrar. Un haz de luz los cegó por un momento pero Hakyeon reaccionó a tiempo de agarrarle por el cuello y dormirle con un trapo empapado de cloroformo. Miraron en las habitaciones de la primera planta y al no encontrar nada subieron por la escalera de caracol a las plantas superiores. Examinaron armarios viejos, cajones, estanterías y no encontraron nada.
-Esto es inútil. No hay nada-Tibby se sentó derrotada en el suelo y apoyó la cabeza en las rodillas.
-Hay algunos cuadros viejos, tal vez detrás…
-Hey, chicos.
Se reunieron con Hyuk en la habitación contigua. El muchacho extrajo un ladrillo suelto que había tras uno de los muebles y ahí estaba el pergamino.
-Fíjate, eso no se me había ocurrido intentarlo.
Se lo guardaron en el compartimento interior de la chaqueta y volvieron abajo. El guardia seguía tumbado donde lo dejaron. Tibby asomó la cabeza con cautela por la ventana y les hizo una señal a los chicos indicándoles vía libre. Bajaron las escaleras de la entrada y se escondieron tras los setos para que el haz de luz no les descubriera. El guardia se quedó observando la zona donde ellos se encontraban. Esperó un momento y entonces corrió hacia la puerta. Los tres jóvenes se escondieron más y cuando el guardia ya se encontraba tras la puerta corrieron hasta el muro. Parecía que no lo alcanzaban nunca. Otro de los guardias se reunió con su compañero y les vio en medio del patio corriendo como si no hubiese un mañana. Tibby resbaló y Hakyeon que iba detrás de ella la levantó ágilmente para que siguiera corriendo. Se giraron sin parar de correr y vieron que uno de los guardias les estaba alcanzando, pero no veían al otro. Hyuk se paró en seco a apenas cinco metros del muro y sus compañeros chocaron con él.
-¿Qué pasa? ¿Por qué te paras?
El otro guardia les había cortado el paso y el que los perseguía ya les había alcanzado. No sabían cómo salir de aquella. Tibby temblaba de pies a cabeza. Hakyeon la miró de reojo y le cogió la mano para darle valor. Solo son dos guardias sin maldad. Seguro que podemos salir de esta sin heridos. La muchacha levantó las manos y dio un paso al frente.
-Señor, lo siento, no pretendíamos causar problemas. Solo queríamos divertirnos un poco.
-No dé un paso más, señorita- sacó el arma con calma para intimidarles.
-Vale, vale. De acuerdo. No va a necesitar eso. Solo somos tres amigos deseosos de alguna aventura. Nos hemos colado por diversión, nada más.
Se llevó la mano al bolsillo y el guardia le apuntó. La muchacha sacó rápidamente un fajo de billetes y los lanzó a los pies del guardia que desconcertado había bajado el arma. Lo recogió sin apartar la mirada de la muchacha y los ojeó.
-¿Es suficiente? Deje que nos marchemos. No hemos hecho nada malo.
El hombre volvió a apuntarles con el arma.
-¿Qué pasa con nuestro compañero? ¿Qué le habéis hecho?
La muchacha se disculpó inocentemente y le aseguró que no sabían nada de eso, que solo habían merodeado por el jardín. Siguieron apuntándoles con las armas un rato más y luego las guardaron. Se guardó el dinero y los acompañaron a la salida.
-Espero no volver a veros por aquí.
-¡Muchas gracias, agente!
Echaron a correr hacia la furgoneta y se subieron para marcharse al piso. La adrenalina bombeaba por todo su cuerpo y comenzaron a reírse mientras le contaban lo sucedido a Ken, que los miraba como si hubiesen perdido un tornillo.

Una semana después
Incógnitas, incógnitas y más incógnitas era lo que habían encontrado en el nuevo pergamino. Casi los arresta la policía. Suerte que gran parte del cuerpo de policía de aquella zona eran corruptos. Hakyeon y Ken se unieron a Hongbin y Hyuk a la mesa. María estaba en la cocina terminando de preparar la cena. Era el día de fin de año y por petición de Tibby, más bien les rogó, pasarían la noche en el piso de los hermanos. Tibby entró justo cuando María sacaba el jamón relleno del horno.
-¡Vaya! Pensé que cenaríamos sardinas o alguna otra cosa enlatada, pero te has lucido.
-Hacía siglos que no celebraba la Navidad. Literalmente.
La ayudó a sacar los platos y toda la comida. Encendieron la televisión y buscaron un canal divertido. Por una noche se olvidarían de todos sus problemas y preocupaciones, de que no eran lo que se dice normales, de que había un hombre chiflado que quería sus cabezas… Esta noche solo eran seis amigos celebrando la llegada de un nuevo año.
Apenas quedaban unos minutos para la medianoche. Ken sacó una botella del mejor champagne del bolsillo interior de su chaqueta colgada en el perchero de la entrada y la dejó sobre la mesa.
-La he mangado- dijo un tanto arrepentido pero feliz de ver las sonrisas de sus amigos.
-Ha salido el diablillo que llevas dentro, ¿eh?- Hakyeon le dio una palmada en la espalda agradecido por el detalle.
Hongbin lo sirvió en los vasos de plástico y se los ofreció a los muchachos. Tras la última campanada lanzaron confeti hecho con jirones de periódicos viejos y bebieron el champagne brindando entre ellos. Luego bailaron, cantaron, lloraron y se amaron toda la noche. Tibby jugueteaba con la lengua de su novio en un rincón del salón. Ken y Hyuk los miraban asqueados y Hongbin aprovechó la oportunidad para bailar con su hermana ebria, aunque su cabeza tampoco estaba muy lúcida.
-Ha sido perfecto- dijo María apoyando la cabeza en el hombro de su hermano.
-¿El qué?- susurró en su oído.
-Todo. La cena, el champagne, la compañía… Por una vez me he olvidado de quién soy y de qué soy. Sé que mañana al despertar tendré que enfrentarme de nuevo a la cruel realidad. Toda nuestra estúpida eternidad gira entorno a esos malditos pergaminos y no podemos hacer nada. Pero hoy no me importa.
Se apartó un poco de Hongbin, depositó un suave beso en sus labios y se unió a los demás para bailar una nueva canción que sonaba en el televisor a todo volumen, dejando al muchacho atónito y ruborizado.

La tarde siguiente, al despertarse, María se puso unos vaqueros oscuros, un jersey marrón oscuro de lana de cuello alto y su cazadora y fue a pasear. La nieve cubría todo el paseo y había muérdago colgando de las ramas desnudas de los árboles del paseo. Dedicó su paseo a pensar en sus hermanos y sus amigos. Había decidido sincerarse con los tres muchachos de una vez. Después de todo lo que habían pasado juntos merecían saber la verdad. Una mano le tocó el hombro para llamar su atención y María se giró para encontrarse con el rostro de Leo. Le sonrió y caminaron juntos paseo arriba. Hablaron de cosas triviales y de cómo habían pasado la noche. María se lo contó, con alguna mentira que otra.
-¡Qué suerte! Yo tuve que cenar solo, tirado en mi sillón con mi botella de champagne barato. Creo que me acosté a las dos.
-Qué triste- se carcajeó María- Pero creo que te gano. Es la primera vez desde que era pequeña que no celebraba el fin de año. Siempre había deseado hacerlo, pero… Bueno siempre había alguna complicación.
Leo la agarró del brazo y la obligó a mirarle. María tenía los ojos llorosos y las mejillas sonrosadas por el frío. Leo le pasó el pelo por detrás de la oreja y se acercó un poco más a ella.
-Pues ya has tenido tu navidad, al fin. Pero falta un pequeño detalle.
-¿Cuál?- susurró.
Apenas dejó que se preparase. María se había quedado inmóvil. Leo se separó de ella y le acarició la mejilla con la mirada atónita y avergonzada de la muchacha puesta en su rostro.
-Feliz Navidad, Sophie.
Y volvieron a besarse bajo el muérdago mientras débiles copos de nieve caían sobre ellos.



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